viernes, 24 de agosto de 2012

Capítulo 47 (Aflicción Inconscripta)

Todavía faltaban interrogantes, todavía quedaban cabos sueltos, el quedarme ahí sentado, acostado, inventando la consideración de una nostalgia que se hacia depresión, no era una opción. Faltaba resolver el dilema del Dueño, era una asignatura pendiente, una tarea por terminar. Por un lado, lo sentía como una obligación; por el otro, ya era un tiempo que no podía repetirse.

Hice de mi vida un matar para morir y de algún modo maté lo suficiente para seguir vivo y muerto sollozando la inconformidad de un aflicción inconscripta. Sabía cual era el siguiente paso, el Licenciado me dio a la perfección los datos del Dueño y me indicó cuales eran sus puntos ciegos, me habló de los momentos en que era vulnerable, de las horas donde bajaba la guardia. Tenía en mi mente cada una de las palabras para buscar al Dueño. Sin embargo, una hastío de kilómetros se me corroía por la determinación.

Ahora sé que uno no deja de matar por miedo, no deja de matar por temor. Nunca nadie puede estar tan cerca de tus pasos para dejar de matar. La verdad es: que llega un punto en que la satisfacción se hace remordimiento, se humedece en la pólvora, en la omnipotencia perdida.

Tratar de recordar cuánta gente asesiné ya no era un cálculo certero, solo se podían contemplar desde una remordimiento acumulado, desde tardes de soledad y de introspectiva. De alguna forma me cansé de lo mismo, de alguna forma pensé que ya no tenía motivo ni motivación. En el edificio abandonado tenía dinero como para rehacer mi existir a mi conveniencia, poseía identificaciones para desaparecerme sin dejar marca. Podía elegir cualquier destino, cualquier lugar y simplemente salir da ahí, de esta Ciudad que me torturaba en reclamos sordos.

Mas no sé porqué, el tema del Dueño me contraía en la morbosidad, debía de por lo menos ver quien era, tenía que saber como parecía, si tenía los rasgos que imaginé o solo era una insignificancia. Cargaba conmigo la duda y una estúpida obligación por terminar lo que empecé.

Y así, en el dilema no me entendía; y así, en la inquietud y en el ideal, me perdía indefinidamente. Queriendo huir, necesitando terminar algo que sabía nunca tendría fin.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

miércoles, 22 de agosto de 2012

Acotación 15

Le Volaron los Sesos
El Inquisidor a 14 de Julio de 2011
Sr. Potter.

El día de hoy, amaneció muerta una familia en su domicilio ubicado en la Colonia Prados de Tenango, en el interior de la Casa se encontraron los restos de tres de los miembros de la familia (uno de los cadáveres corresponde a una menor de edad) mientras que se desconoce el paradero de otro de los integrantes de la familia.

Según reportes policiales, el crimen responde a un intento de asalto, sin embargo, en el interior del domicilio no falta nada, aparentemente. Por otro lado, la forma en que fueron muertos infiere otros motivos, ya que, los tres cuerpos fueron encontrados amarrados de pies y manos con cinta.

La menor de edad fue muerta de un balazo en la nuca, y los otros dos cuerpos restantes (que de acuerdo a los primeros peritajes corresponden al padre y la madre de la menor) fueron torturados. En su análisis el forense a determinado que la mujer murió desangrada por cortes en las muñecas de ambas manos, y que el hombre sufrió diversas contusiones y finalmente le abrieron el cráneo para extraerle la masa encefálica.

Por lo que se puede observar, la masa encefálica de la víctima se utilizó para realizar diversos dibujos en las paredes de la casa, estos dibujos, una vez más, corresponden a bandas de grunge de los noventas, y conservan una determinada similitud con los dibujos que se han visualizado en otras escenas de homicidio.

En un dato a destacar, la víctima a la que le sustrajeron el cerebro, es el mismo Licenciado que representa a los dueños de la bodega que fue incendiada no hace mucho tiempo y en donde uno de los guardias fue decapitado. En esa bodega, también se encontraron estos dibujos.

En lo referente a este hecho el Comandante Negrete, quien esta a cargo de esta investigación, negó cualquier vínculo entre estos delitos. Al mismo tiempo, señalo que la segunda hija del matrimonio no aparece, por lo que dispondrá de su tiempo para dar con su paradero.

Por el momento podemos decirles que los asesinatos del Grunge no se han terminado.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 46 (Bosques de Olivo)

Al dejar a la Niña ahí parada sobre un amanecer que se enredaba por una noche agitada, después de dejar a la Niña me regresé al edificio abandonado, simulando la discreción, perdido en sangre. Mis pasos eran gotas de tragedia en una vida perdida; la ternura de la compulsión por asesinar se marcaba sobre los siniestros colores de las sombras.

Me quedé varios días perdido, pensando los pensamientos, recobrando recuerdos, a veces la recordaba a Ella con su cabello dorado en los buenos días, la recordaba con más fuerza, la recordaba desde el incomodo destino. Por Ella había querido vivir, y Ella fue quien me hizo querer morir; y de morir a matar solo di un paso.

Cuando se mata, uno se pierde en recuerdos vagos, en culpas de justificación y señala los puntos muertos de un subconsciente extraviado. Ya me estaba cansando de matar, ya me estaba cansando de vivir y tenía que culpar a alguien, debía de justificar mis actos responsabilizando a otros. En un inicio la culpe a Ella, después, culpé a la vida, la gente, a los prójimos, a los fantasmas de los niños que me volvían loco por las tardes y por las mañanas; por último culpé a Dios, aunque en él, nunca hubiera depositado mi fe.

Me quedé más tiempo del suficiente compadeciéndome y compadeciendo a mis víctimas, me quedé arrinconado en el piso, recostado en el vientre de la oscuridad, consintiendo la soledad de una realidad irreal.

No comprendía si era mejor morir en el remordimiento o si morir por error, cada asesinato era una mirada que se pegaba en las pesadillas, el Gordo, los Policías, los Asaltantes, el Licenciado... cada muerto tenía una mirada distinta tatuandose en la configuración de las paredes. Sin embargo, cuando llegaba a los ojos de la Niña de mirada lejana, las retóricas eran más profundas, más punzantes, la contradicción de matarla y quererla viva, el dialogo confundido entre amarla y saberla perdida.

Las fuerzas para matar se extinguían y la necesidad de morir se acrecentaba. Bosques de olivo y aceite de oliva se patinaban en el requerimiento de un pasado no vuelto. Y de pronto, entre las conjeturas, recordé que el Licenciado tenía dueño, que el Licenciado no estaba solo y que el Dueño me buscaría por todos los rincones, recordé que no había terminado de matar ni de morir. Por un momento, recordé que mi forma de morir era matando.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

miércoles, 1 de agosto de 2012

Acotación 14


Sales de mí
y te recuestas en el rencor lejano,
en las palabras que no hemos dicho,
en la intranquilidad del desencanto.

Somos prójimos ajenos,
simulando simulacros.

Te sales en la lluvia,
en la indiferencia,
en el sarcasmo,
en las heridas,
sin textos para pretextarnos,
y ambos sufrimos
y ambos
          nos alejamos.

Sales de la pauta
y de la falta de diálogo,
te sales en azul descarriado,
no hablas,
no hablamos,
circunstancias mutuas,
sin hacernos daño.

Sales de mí,
me ahogo,
me desespero,
no te alcanzo.

Sales,
regresas,
te miro,
nos ignoramos.

Sales de mí
y Yo
          no te alcanzo.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio