Muchos me recordaran de ahora de adelante a partir de este punto, muchos no sabían de mí hasta hace unas semanas, muchos hojearon mis disturbios en las páginas de los pasquines de 3 pesos que venden en el Metro, otros a lo mejor me relacionan con alguna nota roja, pero pocos se atraverán a calificarme en mi justa dimensión.
Yo no soy lo que pretenden que sea ahora, no soy lo que muchos me imputaran ser, ni mucho menos soy merecedor de la atención que ahora tengo. No soy un Frank Castle, con todo su entrenamiento y sus diálogos de fabula; tampoco tengo pactos como Johnny Blaze; mucho menos fui diseñado como Steven Rogers. Mi nombre es latino y mis acciones provienen más de una farsa que de una vida gloriosa.
Todo comenzó hace un par de años, y como muchos de ustedes, tenía una vida común y tranquila, contaba con un trabajo estable y con una cotidianidad digna de pagos quincenales. Las cosas eran un sueño de clase media impulsado por la imagen más hermosa que he visto en mi vida. Todo impulsado por Ella.
Con Ella, comienza todo: supe que la amaba desde el primer segundo que la vi y la sigo amando hasta este momento (si nunca han creído en el amor a primera vista, debieron de palpar mi corazón para entenderlo). Empezamos a salir a los pocos meses, y cada día a su lado era un diluvio de entrega extrema.
Eran sus rizos dorados colgando por el amanecer, su cuerpo reconociendome y nuestros alientos sincronizándose en los primeros esfuerzos del día para amarnos. Eran las tardes de supermercado los domingos, las noches de café los viernes, el cigarrillo después de la comida, las películas abrazados en el sillón. Era su voz y era su mirada, sus defectos más exhaltados y sus virtudes más escondidas. Era toda Ella reconocida por mi y en nosotros.
Y de pronto las palabras se volvieron enojo, los sueños se disolvieron en puntos de vista distintos, las actividades dejaron de ser mutuas, el entendimiento se fue de a poco desvaneciendo en diálogos profanando la relación. Y sin dejar de amarla todo se perdió...
Sin Ella se acabo todo, el mundo podía pasar a un segundo plano y era momento de abandonarlo todo. Algunas personas, ante situaciones como estas, se refugian en la familia, otras buscan consuelo en el alcohol y en otras mujeres, algunos otros se protegen en Dios, yo simplemete busque la muerte...
Arturo Lizárraga Osorio
Muy interesante Sr Torero, esperaremos el siguiente capitulo
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