Me quedé un tiempo ahí parado, perdido, con ilustraciones de añoranza y un cuerpo inmóvil. Me quedé mirándola, recordando lo mucho que la amé y el tiempo que no nos dimos. Me quedé sin saber que hacer, con emociones que se dividían, con enojo y con tristeza, con el alma resquebrajada. Sarcasmo mal comprendido, todo inició cuando la perdí a Ella; y ahora, que quería terminar ese camino, Ella se volvía a poner delante mío.
Me quedé lo que pueden ser unos segundos o toda la eternidad, la relatividad se apropió del momento. Parado frente a la ventana el Dueño ya no importaba. Parado frente a la ventana agonizaba en ritmos lentos, en tierno tempo, en crueles percusiones. Me perdía en la incredulidad de mirarla, después de mucha tormenta Ella ahí y Yo mirándola.
Se vinieron escenas lejanas de un momento ajado. Una lágrima extraviada me partió desde adentro, momentos dilatados en centésimas. Y eran las tardes de lectura; los días que no le pude decir "Te Amo"; Eran los ocasos abrazados, el picnic y los textos de Stephen King para entretenernos. Eran todas las noches que nos amamos y las veces que nos reíamos sin sentido.
El tiempo pasmado, flotando en slow motion, sufriendo los recuerdos que se venían sin tregua. Y fueron las veces patinando sobre hielo, el parque de diversiones, las cenas con sus amigos, el transito parado mientras nos mirábamos. Fueron las nubes y la lluvia a su lado, los despertares. Fueron las calmas de celuloide, las bromas y las introspecciones. Fueron todos nuestros recuerdos queriendo pasar al mismo tiempo, entre besos y entre caricias, entre amor y entre sentidos.
Me quedé un arpegio largo parado frente a la ventana, mientras Ella le daba su atención a otro,y Yo llorando sin llanto, sufriendo con disimulo. De pronto, Ella se volteó a la ventana, con su piel blanca, con sus ojos avellana, con sus risos y su valle de gestos. Me vio y no me reconoció, la transfiguración de mis facciones la hicieron no identificarme; me gesticuló una mueca y se siguió en lo que estaba.
Sentí una mano en el hombro y una voz ronca que me preguntó si se me había perdido algo, no le respondí, encogí los hombros y negué con la cabeza. Diluvio de pupilas y cabeza baja, me retiré con el mismo paso con el que me acerqué y me fui a parar a un lado de la motocicleta, viendo de lejos la puerta del restaurante. Pensé, libré, divagué por ese momento, por esa incertidumbre, por el dolor en las emociones, por el hueco en el abdomen, por Ella y por mí, sin saber si irme o quedarme.
Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio
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