lunes, 21 de mayo de 2012

Capítulo 24 (Hijos de Nadie)

Ahí, sentado en ese rincón, de ese edificio abandonado, pensé, discerní que aquellos niños eran hijos de nadie, perdidos en la inmensidad de la urbe, que nadie los reclamaría; deduje que eran soldados de la soledad, imposibilitados, mutilados por el destino; no habría lágrimas derramadas, no habría alegrías póstumas, sólo eran niños perdidos, olvidados, sobre viviendo sin dirección, deambulando por inercia.

Tomé de nueva cuenta la violencia entre mis dedos, la apreté con fuerza y me dirigí a donde estaban esos niños. Los miré, los miré de lejos, eran los sueños que jamás se realizarían, eran la promesa de futuros muertos. Tomé de nueva cuenta la locura y disparé sin miramientos, disparé con lágrimas en los ojos, disparé con energía en la desaparición.

Los fui matando mientras corrían, mientras gritaban; cayeron de uno por uno, cayeron frente a mis ojos, y mi mirada eran los pasados nunca realizados, cada niño era una ilusión perdida. El primero en morir era los besos guardados en el bolsillo, el segundo los amores no realizados, el tercero los hijos que no he tenido... Maté a cada uno de esos niños, maté las fantasías extraviadas, maté mi familia jamás conseguida, maté los anhelos que me perseguían; mientras, los niños seguían cayendo, seguían gritando, seguían muriendo.

Ya no era sadismo, bailaba con la muerte de frente, cara a cara, nos hablábamos de tu, era su ejecutor, era su lacayo. Por un momento dejó de sonar el percusor del arma, se paró el lienzo y los pinceles quedaron estáticos. Había matado a cada uno de esos infantes, ejecuté payasos de crucero, limpia parabrisas, vagoneros, limosneros, entes dislocados desde su nacimiento.

Se vino la noche, se vino la oscuridad, se vino la calma. Me quedé esa noche ahí, llorando esos niños, llorándome a mí, llorando el silencio. Me quedé tatuando momentos, desdoblando recuerdos que ya no tenía, mirando a los niños tirados en el suelo, sudando sangre, muriendo una muerte que no fue vida.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

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