miércoles, 4 de julio de 2012

Capítulo 38 (Intentando Dilucidar)

Llegué a la dirección indicada, a un edificio en tonos rosados; me bajé de la moto, y no tenía la más mínima idea de como conocería al famoso Licenciado, a lo mejor era alto, chaparro, de lentes o usaba jeans. Me quedé un tiempo parado en la banqueta intentando dilucidar el aspecto del Licenciado. En ese momento llegó un auto azul de vidrios polarizados, se bajó un hombre alto de lentes oscuros y cara de mafioso, del lado del conductor se bajó otro de igual aspecto; salieron dos hombres iguales del interior del edificio, abrieron la puerta trasera del vehículo y salió un tipo bajo de estatura, barba de candado, traje azul y corbata de dibujitos, peinado de lado y mirada de prepotencia. Imaginé que ese era el Licenciado, podía asegurarlo si no fuera porqué en la singularidad de su actividad muchas personas podrían llegar a ese edificio con la misma prepotencia y la misma apariencia.

Tenía que estar seguro, así que dejé pasar un tiempo, dejé que se disolvieran los guarda espaldas y que el Licenciado entrara. Después de un rato, puse el arma en la motocicleta, me acerqué a la puerta, toqué el timbre, me respondió la voz de un hombre y me preguntó por mis motivos, le dije que me habían mandado a ver al Licenciado, que me envió la Patrona porque tenía un asunto pendiente y ella me lo recomendó para que me solucionara el problema.

Me abrieron, salieron los dos tipos de un momento atrás y me pidieron una identificación, les dí una de las credenciales falsas que había comprado; me cachearon hasta por los poros del cabello, me indicaron que subiera al cuarto piso y que ahí me iban a recibir.

Me encaminé por los pasillos de bombillas encendidas, por las escaleras de pasamanos en negro, por las paredes de tirol blanco, por el mármol y la estreches del mal lujo. Al llegar al cuarto piso una joven de lentes y traje sastre me volvió a interrogar, le volví a repetir lo mismo de antes; me pidió que esperara un momento en lo que me extendió la mano indicándome que me sentara en un loveseat de cuero negro. Tomé asiento y aguardé quince minutos, una hora, dos horas, ya después de mucho tiempo salio el tipo que se había bajado del auto, me saludó al tiempo que se autentificaba conmigo como el Licenciado al que buscaba.

Me pasó a una sala de juntas y me volvió a preguntar por mi asunto. A él no le podía repetir las palabras de antes, por lo que, le inventé que mi hermano estaba en prisión (Yo ni hermano tengo), por supuesta venta de drogas, pero que no era culpable, que por favor me ayudara. Estaba en eso cuando le sonó el móvil, lo contesto y recuerdo muy bien lo que dijo:

- Si mi amor... si, yo lo sé... diles a las niñas que voy a llegar temprano para jugar con ellas... besos... te quiero.

Se disculpó y se volvió a dirigir a mí diciendo: que el cobraba mucho, pero que por haberme mandado la Patrona me cobraría menos; me intento tranquilizar diciendo que si el caso era difícil tenía contactos para hacer que mi hermano saliera libre; me pidió que le llevara los documentos del caso y que se los dejara con lo tipos de la puerta y que él se encargaría.

Nos despedimos de mano y no se porque los abogados siempre le quieren dar a uno un abrazo, creo que es porque le quieren robar la cartera. En fin, salí de ahí, me regresaron mi identificacioon y me fui a la moto, mientras, lo esperaría afuera, lo esperaría ya armado.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

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