Hoy me dirijo a ti. Tal vez, no nos conocíamos; quizá, ya nos hemos visto; a lo mejor, tenemos diferencias irreconciliable o somos grandes amigos. A ti y solo a ti me dirijo, en la voluntad y en la razón, alejado de las bromas y del chacoteo. Me dirijo a ti en preocupación y en súplica.
Hoy se despierta México con la tristeza de una tragedia, llenan las redes sociales los comentarios negativos, las desilusiones y la pesadumbre por un proceso electoral que no fue el deseo de muchos. Se pone el pesimismo por delante y se abre la oportunidad al lamento. Yo puedo decir que cualquiera que hubiera sido el resultado el día de ayer en las elecciones a presidente, hoy México, estaría llorando la misma desgracia. Y si hubiera sido Andrés Manuel o Josefina o Gabriel, el País se lamentaría por igual. Este resultado es la crónica de una muerte anunciada, este resultado es la consecuencia de solo sentirnos demócratas por seis meses cada seis años.
Leo mensajes de pena, de vergüenza, de desilusión. Culpamos al otro, culpamos al sistema, culpamos a las instituciones y descalificamos nuestro esfuerzo. No dudo que hayas ido a votar, que invertiste tu entusiasmo y tu tiempo en tachar un papel con la ilusión de un País mejor. Dispusiste de tu mañana, de tu día, de una hora o de cinco horas de tu tiempo, enviaste mensajes por Facebook o por Twitter, alentaste al otro a participar y lo trataste de convencer de actuar. Mis preguntas son: ¿Cuánto tiempo le dedicaste a tu País los últimos seis meses? y ¿Cuánto tiempo le has invertido a tu País en los últimos seis años?.
Habrá quienes tengan una participación más activa que los otros, habrá quienes digan que siempre van a mítines y marchas, habrá quienes se justifiquen para salvarse. La verdad es que la gran mayoría de los que hoy nos quejamos nos hemos ocupado de nuestro País en pequeñas porciones. Y nos sentimos altamente mexicanos el 15 de Septiembre y el 12 de Diciembre. El tiempo restante nos acomodamos en nuestro confort, en nuestro lugar seguro y desde ahí apenas opinamos y poco actuamos.
Hoy nos indignamos, hoy nos quejamos, pero ayer no hicimos nada, y dejamos que pasaran los asesinatos, y dejamos que siguieran las mentiras y no denunciamos y no colaboramos. Y entonces dejamos que pasen los años y esperamos que por magia surja un Mesías, un salvador nacional que nos llevará por buen rumbo. Ponemos nuestras esperanzas en los Partidos Políticos que tantas veces nos han decepcionado y seguimos en la espera del milagro. Te puedo decir que la redención no la encontraremos en la espera del milagro.
Estamos tristes, divididos por colores partidistas, por ideologías distintas. Estamos frustrados y sentidos, tocados en nuestras esperanzas y en nuestra colectiva conciencia. Sin embargo, la rabia pasara, se hará más calma y muchos de los que hoy reclaman, mañana estarán sentados de nueva cuenta en su comodidad, mirando las olimpiadas o los programas de domingo por la tarde, y desde ese sitio nos quejaremos sin hacer nada.
Sin embargo, hoy te digo que el cambio puede iniciar en este momento, que el cambio no esta en una elección presidencial o en una campaña política, el cambio esta en nosotros, hoy y mañana y siempre. El cambio de este País no esta en esperar que llegue alguien a salvarnos, esta en nosotros, esta en nuestra voluntad y en nuestra disposición. Esta en nuestro cotidiano, en no permitir que las cosas sean inmutables.
Podrás no ser de los que salen a marchar por la calle, yo tampoco lo soy y no es lo que te pido. El cambio esta en los pequeños detalles, en modificar nuestro entorno. Muchos se reirán y querrán descalificar mis palabras como utopía, como irreal, como ilógicos, sin embargo, yo sé que tú puedes. Estoy convencido que todos podemos y que si trabajamos juntos desde lo más básico, este País no dependerá de Enrique ni de Andrés, sino de nosotros.
Hoy empecemos a cambiar y cambiemos cada uno. Si tienes la oportunidad, no te pases el semáforo; si te van a infraccionar, no pagues mordida; si eres empresario, dale el sueldo justo a tus empleados; si eres comerciante, paga lo justo y cobra lo justo; si eres mexicano exígente al máximo y trabaja por hacer las cosas siempre mejor. Se que es difícil, que requiere nuestro esfuerzo diario, pero que esta pesadumbre nos sirva de experiencia, trabajemos con el ejemplo.
Me dirás que los medios manipulan a la gente, entonces no dediques tus domingos a mirar el televisor, sal, visita a un enfermo, dale un consejo a un amigo, haz una caridad o recoge la basura del parque. No compres el mismo diario, o la misma revista, dispón de ese dinero para cambiar tu entorno. No te pares en el esfuerzo justo, en el esfuerzo mínimo, en la injusticia y en la conformidad. No voltees la mirada al ver una injusticia, ayuda al que lo necesita, muchos nos verán como locos, pero si todos lo hacemos, los locos serán quienes no lo hagan.
Convive con tu familia en la tranquilidad de saber que tus empleados pueden vestir la misma ropa que tu traes puesta, o pueden comer la misma carne que tu comes. Abraza a tus hijos con las manos tranquilas de saber que has respetado las leyes, de que diste tu máximo esfuerzo en tu trabajo. Besa a tu pareja con la satisfacción de saber que hoy ayudaste a formar una mejor nación. No dejes que el dinero te gobierne y haz del bienestar colectivo tu máxima ambición.
Reconoce al de junto como tu prójimo y deja de etiquetarlo por su creencia religiosa o su nivel socio cultural. Tiremos los calificativos a la basura y dejemos de ser Nacos, Fresas, Chilangos, Regios, Indios, Júniors, Perredistas o Priistas, Católicos o Cristianos. Y distingámonos como uno solo, distingámonos como Mexicanos.
Denuncia las injusticias, no le des la espalada. Siempre tiéndele la mano al de a lado, reconoce en el otro la misma mirada cansada de una larga jornada de trabajo; reconoce en el de junto las misma ilusiones que tú de un mejor País y de un México más grande. Aspiremos a lo más alto, no dejemos caer nuestro esfuerzo y sintámonos partícipes de este cambio todos los días.
La democracia emana del pueblo, no de los partidos políticos, no esperemos un héroe cada seis años, seamos nuestros héroes diarios, para que no dependamos de milagros, para que no esperemos salvadores, para que no nos gobierne el pesimismo y la tristeza. Con nuestro trabajo diario esta nación no será Enrique o Andrés, esta Nación Seremos Todos.
Cambiemos hoy, cambiemos siempre, ejerzamos nuestro derecho a vivir a diario. No permitamos que nos gobiernen 70 años, el retroceso solo se dará si nosotros lo dejamos. Cambiemos hoy, tú puedes, todos podemos. Cambiemos México.
Arturo Lizárraga Osorio
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