viernes, 15 de junio de 2012

Capítulo 32 ( Abrazo en Traición )

Esa noche llegué cansado al edificio, sonámbulo, con más ganas de dormir que de platicar con los fantasmas, esa noche, aunque algunos de ellos salieron a querer platicar conmigo, no les presté atención. Me acomodé en el gozo de mis homicidios, con la disposición de descansar hasta la mañana siguiente.

Al otro día me había quedado de ver con la Niña de mirada lejana afuera del Palacio de las Artes de la Ciudad. En punto de la hora, yo ya la estaba esperando. Ella llegó unos minutos después, y se me plantó enfrente, me peló la mirada con un tono de angustia y de cierta tristeza. Me le quedé viendo y le pregunté si estaba bien, a lo que me respondió que si no me había enterado (enterado de qué, cuando uno vive en un edificio abandonado se aleja del entorno), me dijo que habían matado al Político. En ese momento reaccione, claro que lo habían matado, si Yo lo maté. En ese momento, le pedí con urgencia que fuéramos a un kiosco a comprar los diarios del día.

En cuanto llegué vi que todos los diarios tenían la noticia en la primera plana, algunos en mayor tamaño que otros, pero todos la habían incluido en su publicación. Acababa de dar mi primer golpe mediático, me había hecho famoso, compré algunos, incluido el inquisidor, donde siempre publicaba el idiota de seudónimo Potter. Leí cada una de las notas con avidez, la Niña de mirada lejana me hablaba, me preguntaba, no la entendía, con dificultad podía entender lo que leía, no daba crédito, nada de lo que decían los diarios era cierto, ni una sola palabra, Yo fui quien estuvo presente, Yo fui quien mató al Político, Yo vi lo que sucedió con precisión; y lo que los periódicos decían, no era ni una verdad cercana.

En un momento, me jaló la Niña de mirada lejana del brazo y me dijó que teníamos que ir al funeral; la vi fijamente y no pude evitar carcajearme, esa fue una de las risas más profundas que jamás he tenido. Ir al funeral del Político era el Beso de Judas, la hipocresía del asesino, el descaro de mi vida. Pero en afán de ser franco, no pude evitar ir, era como querer ver el final de una película, como no quererse perder la última página de un buen libro.

En cuanto terminé de reírme, le dije a la Niña de mirada lejana que fuéramos, cogimos un taxi y nos dirigimos a la funeraria. En el camino no hablamos mucho, Ella no hablo mucho, iba como asustada, no sé si por mi risa o si por ver de nuevo a la Patrona. Al llegar al lugar, estaba cercado por un número incontable de seguridad: guardias, policías, agentes, guaruras. Era complicado poder llegar a entrar y en ese momento no lo quería intentar, traía como era costumbre un arma entre las ropas, si me pillaban ahí, no quería ni pensarlo.

La Niña de mirada lejana insistió en acercarse, no pudimos llegar muy lejos, había una valla para evitar el paso, mientras cual vil alfombra roja, desfilaban Diputados, Senadores, Ministros, Empresarios, etc... Todos con sus mejores ropas, todos de gala y sonriendo mientras agachaban la cabeza, uno incluso se atrevió a saludar a la gente alzando la mano.

De reojo alcance a ver a la Patrona saliendo de la funeraria, vestía un sombrero y vestido rojo con accesorios en dorado; platicaba con otras mujeres y reía con ellas, por lo visto, estaba que se moría de la tristeza. Prendió un cigarrillo en las escaleras de la funeraria, seguía platicando cuando nos alcanzo a ver. La Niña de mirada lejana le agito la mano como si eso en lugar de un velorio fuera una fiesta, la Patrona la reconoció y se acerco a nosotros.

Al llegar a donde estábamos, la Niña de mirada lejana le extendió sus condolencias y la Patrona la abrazo. Al mirarme a mí, no supe bien que hacer, le dije que lo sentía, la Patrona se acerco y me dio un abrazo, no podía contener la risa, era un sínico, un descarado. Abracé a la Patrona, la toqué en su alegría, de alguna forma ese abrazo en traición me relajo aún más, por un momento me enteré en ese abrazo, que la había liberado, que la había despojado de una pesadilla, que le regresé la vida cuando menos lo esperaba.

Ella se despidió de nosotros, nos agradeció y se regresó con sus amigas, Yo volteé a pedirle a la Niña de mirada lejana que ya nos retiráramos, ella accedió y nos fuimos de ahí, tal y como llegamos.

Escrito por:
Arturo Lizárraga Osorio

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